El equipo Renault, al igual que algunos de sus rivales, se enfrenta estos días a un gran dilema: dedicar sus recursos y medios en intentar mejorar las prestaciones del R28 o comenzar a dejar ya de lado un coche que claramente no es competitivo y centrarse al máximo en acelerar el desarrollo del monoplaza del próximo año. Desde luego, no se trata de una situación nueva, y sin ir más lejos, en la temporada 2006, cuando Alonso conquistó su segundo título mundial con la marca francesa, en Renault optaron por intentar mejorar el R26 hasta la última carrera, lo que después acabó pagando el escasamente competitivo R27 del año pasado.